jueves, 10 de marzo de 2011

La concepción simbólica de la cultura (Gilberto Giménez)

La concepción simbólica de la cultura (Gilberto Giménez)

Desde la aparición formal del concepto antropológico de cultura, en 1871 con la obra Primitive culture de Edward B. Tylor, ésta noción apertura un amplio debate sobre su significado. Mismo que a mi parecer no se encuentra clausurado, aunque podemos reconocer que actualmente existe mayor definición, claridad y comprensión de lo que dicho concepto refiere.

Siguiendo a Gilberto Giménez, es posible reconocer tres momentos epistemológicos y paradigmáticos en torno a la noción de cultura. El primero es definido por Giménez como la “fase concreta”, inaugurada por Tylor con su concepción de cultura como aquella totalidad hecha por el hombre (costumbres, hábitos, creencias, objetos, etc.), cuya lógica sigue un proceso evolutivo lineal, con ritmos y velocidades diferentes según las sociedades, pero cuya meta será la mayor complejidad. Entre los años 30’s y 50’s la atención de los antropólogos se desplaza de las “costumbres” o “formas de vida” a los “modelos de comportamiento”, con lo que se instaura la “fase abstracta” del concepto de cultura. En esta fase, la cultura se restringe a “los sistemas de valores y a los modelos normativos que regulan los comportamientos de las personas”. La cultura se define en términos de modelos, pautas, esquemas de comportamiento.

Con las aportaciones analíticas del antropólogo norteamericano Clifford Geertz inicia la denominada “fase simbólica” en la formulación del concepto de cultura. La cultura se define como el “entramado de significados”. Ésta postura tuvo repercusiones en el paradigma dominante de la antropología y los estudios culturales. Por un lado, se fijó la atención en el aspecto simbólico de la cultura. Por otro, introdujo la visión de que los objetivos de la antropología es la “interpretación” de la cultura, es decir, encontrar el sentido de esa trama de significados socialmente compartidos. Lo que también generó la pérdida de confianza en la objetividad científica al colocar al investigador como el “narrador” e “interpretador” de la cultura, por tanto dependiente de los propios modelos culturales del mismo.

Actualmente, dice Giménez, la cultura se entiende como un proceso simbólico: “la cultura es la organización social de significados, interiorizados de modo relativamente estable por los sujetos en forma de esquemas o de representaciones compartidas, y objetivados en formas simbólicas, todo ello en contextos históricamente específicos y socialmente estructurados.” En este sentido, la cultura tendría que concebirse entonces, en primera instancia, como un “conjunto de hechos simbólicos” objetivos y cosificados; y en segunda instancia, como “modelos cognitivos o interiorizados” sobre los sentidos y símbolos que estructuran la cultura. La cultura no puede definirse solamente en forma abstracta, sino sólo en referencia a contextos históricos y espaciales específicos.

Una distinción importante de la concepción semiótica de la cultura, propuesta por Gilberto Giménez, es la obligación “a vincular los modelos simbólicos a los actores que los incorporan subjetivamente (“modelos de”) y los expresan en sus prácticas (“modelos para”), bajo el supuesto de que ‘no existe cultura sin actores ni actores sin cultura’”. En este sentido, la cultura realmente existe y es operante en tanto que es producto de actores sociales y sus interacciones, determinadas por sus modelos interiorizados.

Para Giménez la cultura objetivada suele ser la más estudiada, “por ser fácilmente accesible a la documentación y a la observación etnográfica”, en cambio el estudio de la “cultura interiorizada” es menor debido a las complicaciones teóricas y metodológicas en ese campo. Sin embargo, Gilberto Giménez propone el paradigma del “hábitus” de Pierre Bordieu o el de las representaciones sociales, emanado de Emile Durkheim y reconceptualizado por Sergei Moscovici, como el sistema teórico y metodológico que mejores respuesta podrían dar a esta dimensión del análisis de la cultura. Las representaciones sociales son sistemas cognitivos contextualizados que responden a una doble lógica: la cognitiva y la social.

Por Radamanto Portilla T.